Intercambio internacional de información sobre criptomonedas
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El nuevo estándar de la OCDE, su impacto en América Latina y la posición particular de Estados Unidos
1. Avances recientes en el mundo de las criptomonedas y sus ventajas
En poco más de una década, las criptomonedas pasaron de ser un experimento tecnológico marginal a convertirse en un componente estructural del sistema financiero global. La adopción masiva de Bitcoin, Ethereum y otros criptoactivos, junto con el desarrollo de stablecoins, finanzas descentralizadas (DeFi) y tokenización de activos, transformó la forma en que personas y empresas transfieren, almacenan e invierten valor.
América Latina ha sido una de las regiones con mayor crecimiento en el uso de criptomonedas, impulsada por factores económicos estructurales: inflación persistente, restricciones cambiarias, baja bancarización y necesidad de acceso a instrumentos financieros globales. En este contexto, los criptoactivos ofrecen ventajas claras:
- Desintermediación financiera, con transferencias directas entre partes.
- Reducción de costos y tiempos en pagos internacionales.
- Acceso financiero para personas y empresas fuera del sistema bancario tradicional.
- Cobertura frente a la inflación y devaluaciones en economías inestables.
- Transparencia tecnológica, gracias a registros inmutables en blockchain.
Sin embargo, estas mismas características —transnacionalidad, pseudoanonimato y ausencia de intermediarios clásicos— generaron preocupación creciente en las autoridades fiscales, al abrir nuevos espacios para la evasión, elusión y ocultamiento patrimonial fuera del alcance de los mecanismos tradicionales de control tributario.
- La respuesta de la OCDE: del CRS al Crypto-Asset Reporting Framework (CARF)
La OCDE y el G20 ya habían enfrentado un desafío similar con las cuentas financieras offshore, lo que dio origen en 2014 al Common Reporting Standard (CRS), hoy aplicado por más de 100 jurisdicciones mediante intercambio automático de información financiera.
No obstante, el CRS fue diseñado para activos financieros tradicionales (cuentas bancarias, custodias, inversiones), dejando fuera al ecosistema cripto. A medida que los contribuyentes comenzaron a canalizar patrimonio y rendimientos hacia criptomonedas, esa exclusión se volvió una debilidad estructural del sistema de transparencia fiscal internacional.
Como respuesta, en 2022 la OCDE aprobó el Crypto-Asset Reporting Framework (CARF), un nuevo estándar global destinado específicamente al intercambio automático de información sobre criptoactivos entre administraciones tributarias.
El CARF replica la lógica del CRS, adaptándola al entorno digital, y persigue un objetivo claro:
permitir a los fiscos identificar, rastrear y gravar adecuadamente las ganancias y tenencias en criptoactivos de sus residentes, aun cuando operen en plataformas extranjeras.
- Alcance y funcionamiento del CARF
El CARF impone obligaciones de reporte a los Crypto-Asset Service Providers (CASPs), categoría que incluye:
- Exchanges centralizados
- Brokers y plataformas de trading
- Proveedores de custodia
- Intermediarios que faciliten la conversión entre cripto y moneda fiat
Estos proveedores deberán:
- Identificar a sus clientes mediante procedimientos KYC.
- Recopilar información fiscal relevante (incluyendo residencia y TIN).
- Reportar anualmente transacciones, saldos y movimientos de criptoactivos.
- Remitir esa información a su autoridad fiscal local, que luego la intercambiará automáticamente con los países de residencia de los usuarios.
El marco cubre una amplia gama de activos: criptomonedas, stablecoins, ciertos NFTs y otros tokens con función de inversión. Quedan excluidas, en general, las CBDC y algunos activos de uso cerrado.
Un punto relevante es que, aunque las billeteras de autocustodia no están directamente sujetas a reporte, las operaciones que interactúan con un CASP sí pueden quedar alcanzadas, reduciendo significativamente los espacios de anonimato fiscal.
- Integración con el CRS y calendario de implementación
El CARF fue concebido como un complemento del CRS, no como un sistema independiente. En paralelo a su lanzamiento, la OCDE aprobó enmiendas al CRS para armonizar ambos estándares y asegurar coherencia técnica y operativa.
La implementación global sigue un cronograma escalonado:
- 2026: primer año de recopilación de información
- 2027–2028: primeros intercambios automáticos de información bajo CARF
- Uso de formatos XML estandarizados, similares a los ya utilizados para CRS
Para los profesionales fiscales, esto implica que el universo de información disponible para las autoridades se ampliará de forma sustancial, incorporando datos que hasta ahora permanecían fuera del radar.
- América Latina: adopción, avances y desafíos
América Latina ocupa un lugar central en el debate, tanto por su alto nivel de adopción cripto como por la histórica fragilidad de sus sistemas de control fiscal.
Países como Brasil, Chile, Colombia y México ya asumieron compromisos formales para implementar el CARF, con intercambios previstos a partir de 2027–2028. Brasil, en particular, se destaca por haber desarrollado un marco regulatorio integral para criptoactivos, incluyendo obligaciones de reporte incluso antes del CARF.
Otros países avanzan de manera más gradual. Argentina, por ejemplo, ha reforzado su regulación interna y el control sobre proveedores de servicios cripto, pero aún no ha formalizado plenamente su adhesión al CARF, aunque manifestó intención de hacerlo.
Los principales desafíos regionales pueden agruparse en tres planos:
- Legales: adaptación normativa, definición fiscal de los criptoactivos, coordinación con leyes de secreto y protección de datos.
- Fiscales: capacidad de análisis, uso efectivo de la información recibida, y coherencia en el tratamiento impositivo de las rentas cripto.
- Operativos: infraestructura tecnológica, integración de sistemas CRS–CARF, capacitación de funcionarios y cumplimiento por parte de proveedores extranjeros.
La experiencia del CRS demuestra que estos desafíos son superables, pero requieren voluntad política sostenida y cooperación internacional real.
- La excepción estadounidense: FATCA y su relación con el CARF
Estados Unidos constituye la gran anomalía del sistema multilateral de intercambio de información. A diferencia del resto del mundo, no participa en el CRS y mantiene su propio régimen: FATCA.
FATCA es un sistema unilateral, orientado exclusivamente a identificar activos de US Persons en el exterior. Obliga a instituciones financieras extranjeras a reportar al IRS, pero no establece un intercambio automático recíproco comparable al CRS.
En la práctica, Estados Unidos recibe mucha más información de la que comparte, lo que ha generado críticas y ha posicionado al país como un destino relativamente opaco para capitales extranjeros.
En materia de criptomonedas, sin embargo, la postura estadounidense ha comenzado a cambiar. En 2023, EE.UU. apoyó formalmente el CARF y se comprometió a implementarlo, aunque con un calendario más lento: los primeros intercambios están previstos recién para 2029.
Paralelamente, la legislación interna estadounidense ya exige a exchanges y brokers cripto reportar información al IRS, sentando las bases para una futura integración con el CARF.
El interrogante clave es si Estados Unidos aplicará el estándar de forma plenamente recíproca o si intentará mantener su lógica FATCA también en el mundo cripto. De esa respuesta dependerá en gran medida la eficacia global del sistema.
- Conclusión
El CARF representa un salto cualitativo en la transparencia fiscal internacional, extendiendo el alcance del intercambio automático de información a uno de los sectores más dinámicos y disruptivos de la economía moderna.
Para América Latina, su implementación implica el fin progresivo de la idea de que las criptomonedas son un territorio fiscalmente invisible. Para contribuyentes y asesores, marca un cambio de paradigma:
la planificación fiscal con criptoactivos deberá construirse sobre cumplimiento, sustancia y coherencia internacional, no sobre opacidad.
La arquitectura normativa ya está definida. El desafío ahora es operativo, político y estratégico. Y esta vez, a diferencia del pasado, el blockchain no olvida… y el fisco tampoco.
Informe realizado por el equipo de asesores de Insight Trust
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